MAR
de Manuel Castaño

Fotografía de Manuel Revilla Bel
Se montaron en un Renault 6 amarillo albero recién comprado, con matrícula M-4163-CH, mientras clareaba el día. El coche arrancó y pronto el asiento de atrás se convirtió en una cama mecida por el ruido del motor y el aire que entraba por las ventanillas bajadas.
Al mediodía, pararon al pie de la carretera, junto a una abandonada casilla de peones camineros rodeada de algarrobos y del canto de las chicharras. A la sombra, se comieron los bocadillos de tortilla y los filetes empanados.
Algunas horas después, llegaban a su destino. Era un mes de julio de principios de los años ochenta. Manolo y Mari acababan de regalar a sus hijos el mar.

Manuel Castaño Crespo
O Manuel Légolas como también gusta llamarse en esto de los cuentos.
Colecciona Caperucitas, ya no sabe cuantas tiene.
A su abuelo lo llamaban «mentirola», quizá por eso él cuenta cuentos que son mentiras como verdades.
Tiene un hijo que dice que es su única historia con final feliz. Y que es quien le hizo la foto que acompaña esta breve bio.
Estudió Historia y se especializó en Historia del Arte. Lo suyo es puro arte.
Es cosa extraña, dice. Un día dejó de afeitarse y los pelos que hace años se escondieron bajo su calva ahora afloran en su cara.
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Manuel Revilla Bel
Alcalá de Henares, 1957.
Mis primeros pasos con la fotografía empezaron en el año 1974 cuando cursaba estudios en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, así empecé a revelar mis propias fotografías en el laboratorio del Colegio Mayor donde residía. La Gran Vía de Madrid fue mi primer gran escenario a retratar, me cautivaron la gran altura y belleza de sus edificios y la perspectiva tan atractiva que me proporcionaba. Posteriormente, desde 1982 hasta el 2025, trabajé como diseñador gráfico en Turespaña, años que me proporcionaron un envidiable conocimiento sobre la imagen y su tratamiento, dentro de un atractivo proyecto gráfico del turismo. Mis paseos por Alcalá, Madrid y Cádiz han llenado mis discos duros de miles de fotografías. Hoy en día, gracias a las redes sociales, puedo exponer mis imágenes con toda libertad y prácticamente casi todos los días.
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El canto de las chicharras, los bocatas de tortilla, los filetes empanados, y esos viajes con el «aire condicionado», por la temperatura del asfalto, son ingredientes precisos que forman parte de la memoria colectiva de toda una generación. Nosotros teníamos un DIAN 6 «para gente encantadora» y un lugar fijo: el pueblo y su piscina municipal. ¡Qué recuerdos más entrañables! y qué bonito recibir como regalo el mar.